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¿Es la ira una reacción inevitable?

  • 25 oct 2016
  • 4 Min. de lectura

Controlando la ira e impulsividad.

La ira es una emoción básica que tienen en común todos los mamíferos. Es una respuesta ante amenazas que supone un aumento de hormonas como la testosterona, el cortisol (relacionada con el estrés), entre otras. En el momento de ira, al igual que en la mayoría de emociones básicas, toma control nuestra parte del cerebro más primitiva y en el contexto de un humano de hace 20000 años era algo positivo y adaptativo, ya que era necesaria esa respuesta para defendernos de amenazas o preservar el status social dentro del grupo. El problema surge cuando tenemos esa reacción el pleno siglo XXI donde la inteligencia emocional es vital para relacionarnos.

Para evitar perder el control lo importante es no dejar que esa parte de cerebro tan primitiva nos gane y esforzarse en ser conscientes de lo que está pasando, que no tenemos el control y que las consecuencias de unos actos que no controlamos puedan ser drásticas e irreversibles a nivel personal, social o laboral.

¿Qué podemos hacer entonces para no perder el control?

Aquí vienen unos consejos para evitar perder el control en estas situaciones:

1. Es vital que trabajemos en tener una buena autoestima. La gente con menos autoestima se suele sentir más amenazada y responder más drásticamente ante situaciones que no controla.

2. El sentido del humor también es determinante a la hora de reaccionar en estas situaciones de una manera más constructiva, saber reírse de las situaciones, de los demás y de nosotros mismos de manera apropiada ayuda muchísimo no solo en relación al control de la ira, sino en todas las situaciones vitales de nuestra vida. Pero recordemos que buen sentido del humor no es reírse siempre de todo y de todos, buen sentido del humor es una actitud ante la vida.

3. Evitar si es posible los estímulos negativos. Si sabes que hay un tema que a tu pareja le molesta y siempre hay discusión, no lo saques a poder ser, como por ejemplo la típica discusión de política en las reuniones familiares. O también un caso típico es cuando un compañero de trabajo te hace la vida imposible, evítalo, solicita un traslado a poder ser, o júntate con otros compañeros. Esta es una de las raras situaciones en las que puede ser recomendable evitar una situación si son situaciones que escapan a nuestro control solucionar.

4. Controlar la respiración. En el momento estresante, tener una buena respiración nos ayuda a oxigenar el cerebro y pensar con más claridad. Por ejemplo podemos seguir estas pautas:

· Primero respiramos profundamente y contamos hasta 5.

· Manteemos la respiración mientras contamos hasta 4.

· Y soltamos mientras contamos hasta 10.

Además con esto le quitamos un tiempo clave a nuestra reacción impulsiva (lo que decía nuestra abuela de contar hasta 10 vamos…).

5. Identificar los pensamientos negativos y cambiarlos por otros positivos. Por ejemplo: ¡que estresado estoy! - Esta tarde iré al cine a ver una película que tengo ganas de ver, hoy tengo macarrones para comer, o la semana que viene me voy de viaje y esto no me importará.

6. Cuando empieces a notar que surgen las emociones negativas, hay que darse ordenes a uno mismo para interrumpir esas reacciones precipitadas, como por ejemplo: “¡STOP!”, “¡Para!”, “¡Ya!”, “¡Basta!”. Parece una tontería, pero cuando empezamos a tomar consciencia de estas situaciones, esto nos puede ayudar.

7. Pensar en las situaciones que nos hacen perder el control y ensayar nuestra reacción, lo que nos tenemos que decir, lo que tenemos que pensar. Y después de que sucedan, pensar que paso, que hice mal y que tenía que haber hecho para no perder el control y anotarlo en un cuaderno.

8. Desarrollar la empatía. Muchas veces discutimos temas en los que los argumentos de las dos personas son validos, desde el puto de vista de cada uno por lo menos. Es importante comprender a los demás y molestarse en saber lo que ellos sienten en esa situación, aunque ellos no lo hagan.

9. Gestionar cada momento de ira, no esperar a acumularla y luego explotar con cualquier persona, que en muchos casos no entiende el motivo de esa explosión, lo que hace que también explote.

10. Evitar la mentalidad de ganador/perdedor. Muchas veces discutimos y nos enfadamos sabiendo que no tenemos razón, pero no queremos salir perdedores para no dañar a nuestro ego. Es importante saber que no siempre se tiene la razón y no pasa nada en admitirlo, la vida es un constante aprendizaje y que unas veces se tiene razón y otras no.

11. Practicar técnicas de relajación de manera habitual. Yoga, mindfulnes, reiky, un baño de agua caliente, meditación… cualquiera que nos haga sentirnos mejor, nos distraiga la mente y nos haga ver las cosas de forma más positiva. Aunque como psicólogo, he de decir que el mindfulness es, a día de hoy, la técnica más validada.

Por último, es muy importante transmitir y enseñar todo lo que aprendemos sobre autocontrol emocional a nuestros amigos, familiares, compañeros o jefes. Ya que así se ayuda y nos ayudan en la gestión de las emociones. No todo el trabajo es nuestro, ayudar a crear un entorno relajado y respetuoso, acaba por beneficiarnos a nosotros mismos también.

Agradecimientos a: Carmen Nacher, Roberto Gamarra, Fatima Tolosa y Gema Vallet.

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